Sanarse para poder curar
En la Universidad Pontificia Bolivariana hay historias que van más allá de las aulas. Una de ellas habla de vida, esfuerzo y transformación. Es la historia de María José Martínez Maya, estudiante de Medicina, una joven que encontró en la enfermedad un nuevo sentido para su vida.
Agencias de Noticias UPB – Medellín. María José Martínez Maya es estudiante de Medicina y actualmente vive con entusiasmo el comienzo de su carrera profesional, compartiendo su felicidad en el campus. Estar en la Universidad representa para ella un logro profundamente significativo, fruto de su esfuerzo y determinación.
Se describe como hija, amiga, novia, estudiante, sobreviviente y soñadora, pero sobre todo como alguien que ha decidido transformar el dolor en propósito y los obstáculos en motor para crecer. Su historia está marcada por la lucha, pero también por el amor, el servicio y la convicción de dejar una huella en el corazón de los demás.
La medicina, la estética y la cosmetología son parte de sus pasiones. Cree firmemente que el bienestar integral empieza cuando una persona se siente bien por dentro y por fuera. Esa misma convicción la impulsa a ayudar, acompañar y empoderar a quienes atraviesan momentos difíciles, sumándose a campañas y proyectos que aportan esperanza.
“Sé que cuando una persona se siente bien por dentro y por fuera, puede transformar su vida”, asegura.
Entre sus recuerdos más significativos está una escena de la película Enredados, en la que Rapunzel pierde su cabello, símbolo aparente de su poder, para luego descubrir que su verdadera fuerza estaba dentro de ella. María José asocia ese momento con su propia experiencia: sintió que le arrebataban algo esencial, pero comprendió que su fortaleza no dependía de lo que había perdido, sino de lo que siempre había habitado en su interior.

Antes de iniciar sus estudios en Medicina, era una joven llena de sueños que desconocía la fuerza que el cáncer sacaría a la luz. La enfermedad la obligó a madurar de golpe y a descubrir una versión de sí misma que no sabía que existía. “Hoy miro atrás y me abrazo, porque esa niña valiente que maduró con rapidez es quien me trajo hasta aquí”.
Su interés por el cuerpo humano, la piel y la belleza real nació en el colegio y la llevó a formarse como cosmetóloga. Sin embargo, el diagnóstico de cáncer cambió el rumbo de su vida. Lo que comenzó como un vacío profundo en el pecho se convirtió, tras la primera cita con el oncólogo, en una determinación inquebrantable.
“Lloré, sí. Me quebré, claro. Pero también decidí luchar con todo. Y aquí estoy, más viva que nunca”.
En ese proceso aprendió a soltar, a confiar y a aceptar su cuerpo incluso en los cambios más drásticos. Su familia, su pareja y sus amigos fueron su sostén más fuerte, recordándole quién era cuando las fuerzas parecían flaquear. “Fue duro ver a mi familia sufrir, pero también fue hermoso vernos más unidos que nunca. Lo más difícil fue encontrarme vulnerable y aun así descubrir que la vulnerabilidad también es una forma de poder”.

Para María José, estudiar Medicina no es solo una decisión académica, sino una forma de sanar y de transformar el dolor en vocación. Cada clase es un recordatorio del profundo deseo que tiene de servir, al tiempo que le permite sanar partes de sí misma.
En su proyección a futuro, se visualiza como una médica integral, apasionada por la salud, la estética y el bienestar. Sueña con brindar acompañamiento desde el alma, combinar ciencia, belleza y espiritualidad, y fundar su propia clínica mientras apoya proyectos sociales.
No solo sobreviví al cáncer, sino que volví a nacer espiritual, emocional y profesionalmente. No soy la misma de antes, pero soy mejor. Todo lo que viví me dio una nueva vida, y esta vez, una que elegí con todo el corazón”.
Hoy, María José camina por el campus con esperanza. Su historia no es solo de superación, sino de propósito. Es un testimonio vivo de que se puede transformar el dolor en luz, el miedo en vocación y la fragilidad en una forma poderosa de amar.
Por: Juliana Castro Mendez – Agencia de Noticias UPB – Medellín.