Una misión médica en el corazón de Kenia
Estudiantes de la Facultad de Medicina de la UPB viajaron en la primera misión médica colombiana a Kenia, acompañadas por el Dr. Mauricio Hernández, docente del pregrado. Allí realizaron más de 15 brigadas médicas en tres comunidades: Tuum, Barsaloi y Lodungokwe.
Agencia de Noticias UPB – Medellín. Un grupo de seis estudiantes del pregrado de Medicina de la UPB viajaron a Kenia en compañía del doctor José Mauricio Hernández Sarmiento, docente de la facultad, quien previamente había realizado una misión médica a Gambia y al departamento del Chocó, acompañado también de estudiantes, a modo de rotación optativa y, a la vez, una actividad de proyección social de la escuela.
La misión no comenzaría en Nairobi, capital de Kenia, sino en el EcoCampus UPB, Laureles, en Medellín. Durante alrededor de ocho meses se realizó la convocatoria de los estudiantes y, con la colaboración de la Escuela de Ciencias de la Salud y la Vicerrectoría Pastoral de la Universidad, el plan comenzó a trazarse.
Lo primero fue organizar la brigada médica con las estudiantes Manuela Cardona Pérez, Eliana Torres Cárdenas, Sofía Montoya Álvarez, Catalina Vargas Hincapié, Manuela Zorrilla Castrillón y María José Moreno Hincapié, luego de dos meses de arduo trabajo, el viaje comenzaba.
La llegada a África

La primera parada fue Madrid, España. Allí se reunirían todos para emprender el camino hacia Nairobi. Al llegar allí, fueron recibidos por el padre Luis Carlos Fernández López, más conocido como el padre ‘Tacho’, miembro de Los Misioneros de Yarumal, quienes fueron el contacto y los que ayudaron a que la misión fuese posible, ya que están en Kenia desde 1985, realizando ejercicios de evangelización, trabajo agropecuario, educación y salud.La primera parada fue Madrid, España. Allí se reunirían todos para emprender el camino hacia Nairobi.
La misión la realizarían en el norte del país, comenzando con la comunidad más alejada llamada Tuum, cerca del lago Turkana, en la frontera con Etiopía. Pero antes debieron esperar dos días en Nairobi por un medicamento, el cual fue donado por la Universidad. Allí aprovecharon para conocer la capital keniana y sus contrastes entre grandes construcciones y otras más viejas.


Las estudiantes tuvieron la oportunidad de probar comidas nuevas y conocer el “Nairobi National Park”, que es el parque de vida silvestre más cercano a un centro urbano del mundo.
Era muy chévere, porque tú veías los animales pasar y de pronto veías un avión despegando o escuchabas el pito de un carro, pero estabas en un parque natural” contaron sobre la experiencia las estudiantes.
La comunicación era sencilla, ya que, al haber sido colonia inglesa, en la capital la gran mayoría de personas hablaban inglés y suajili, idioma que comparten varios países de la zona centro-oriental del continente africano.
La experiencia de conocer Nairobi, era solo la punta del iceberg, ya que les esperaba casi tres semanas de misión.
La misión
Al tener el medicamento y empacar todo en las camionetas 4×4, la brigada comenzaba. Fue un largo y complejo viaje a través de la sabana africana, en especial, al llegar a las áreas en donde se acaba el pavimento y, ni las 4×4, la tienen fácil para cruzar. Fueron más de 12 horas de trayecto, en el cual, muchas veces, debían bajarse para esperar que el carro de enfrente pudiera pasar o buscar otra forma de cruzar.
El paisaje era cambiante. Amplias sabanas áridas, con ríos y pequeños lagos muy secos, tal fue la dificultad que debieron descansar en una comunidad llamada Barsaloi, para retomar el viaje nuevamente en la mañana.
Al llegar a Tuum, el panorama fue muy diferente al que se podrían imaginar. Al ir acompañados con los padres, fueron recibidos muy amablemente por todos los miembros de la comunidad. Las casas donde se alojarían contaban con las comodidades necesarias y, la comida, se basaba en harinas y carne de chivo.

Al comenzar la brigada la atención parecía difícil, pues debían tener traductor y estaban acostumbradas a su estilo de vida. Sin embargo, allí, la vida es muy diferente. Ellos comen dos veces al día y, sus dietas, son muy diferentes, ya que son a base de leche, harina y granos. Muchos de ellos no sabían su edad, fecha u horario, entonces, al enviarles medicamentos, no podían decirles −Esta pastilla la deben tomar a las 8:00am, 12:00pm y 6:00pm −o, por ejemplo, ante pacientes que presentaran gastritis, no podían restringir sus dietas, ya que muchos de ellos, solo comían una vez al día. Sin embargo, aunque suena retador, las estudiantes se acostumbraron rápidamente y conectaron con los pacientes.

En la cultura de los Samburu, mostrar dolor es un símbolo de debilidad, por lo tanto, las quejas no son constantes y ellos, no dicen “Sí” asintiendo, ellos lo hacen levantando la mirada. Por este motivo, todas coincidieron en que fue una oportunidad para conectarse más y mirar a los ojos a los pacientes, ya que debían estar muy atentos ante los pequeños gestos que realizaban.
Lo más sorprendente fue ver personas con enfermedades que, aquí en occidente, las personas no habrían soportado, pero ellos lo hacían sin expresar muestras de dolor. Esto era una muestra de la capacidad de adaptación que tiene el ser humano.
Luego de un trayecto por tres comunidades: Tuum, Barsaloi y Lodungokwe, más de 15 brigadas médicas, el común denominador del viaje fue la respuesta: “Nos cambió la vida”.
Las experiencias vividas junto con las diferentes comunidades, los misioneros de Yarumal enfrentarse a culturas e idiomas totalmente diferentes, hizo de este viaje, una misión, que no solo llevó salud y alegría a estas comunidades, sino que también les enseñó a las estudiantes a crecer como profesional y como personas.


Por: Juan Pablo Cuartas – Agencia de Noticias UPB