Agencia de Noticias – UPB Medellín. La Universidad Pontificia Bolivariana recibió la concesión de una patente para un reactor fotoelectrocatalítico desarrollado por investigadores de la Escuela de Ingenierías. La tecnología, diseñada para degradar contaminantes persistentes en aguas residuales que provienen de diferentes industrias, también favorece su reutilización en las cadenas productivas.
La solución tecnológica parte de una problemática que persiste inclusive después de los tratamientos de agua convencionales: algunas sustancias como los colorantes, debido a la alta estabilidad de sus moléculas, son difíciles de remover y siguen contaminando el medioambiente al ser desechadas en tuberías y sistemas de desagüe que terminan en los ríos. Eso ocurre de manera frecuente en los procesos industriales de los sectores textil, alimenticio y farmacéutico.
La apuesta de los investigadores es que, después de los procesamientos tradicionales, el agua residual pueda pasar por el reactor para darle un tratamiento adicional. “Cuando no se le pueden remover más contaminantes al agua procesada, ahí entra a funcionar este reactor desarrollado, que descompone esos contaminantes persistentes”, explica Wílber Silva López, Ph.D. en Ciencias Químicas, inventor del dispositivo e integrante del Grupo de Investigación en Óptica y Espectroscopía.
¿Qué sucede dentro del reactor? “Es un sistema de electrodos, construido con un material sensible a la luz”, explica Silva. Cuando ese material recibe radiación proveniente de los rayos solares, genera unos radicales en el agua que reaccionan con las moléculas contaminantes presentes en ella. Así comienza una cadena de reacciones químicas que transforman esas sustancias en compuestos simples e inocuos.


Para conseguirlo, explica el académico, no basta simplemente con irradiar el agua: “Se necesita que el dispositivo tenga un diseño que maximice el tiempo de contacto entre el agua y el electrodo, para que este capte una mayor cantidad de radiación y se aproveche de manera eficiente”.
El desarrollo tecnológico, que cuenta con un TRL 4, incorpora dióxido de titanio en sus materiales (TiO2) y está construido a partir de un sistema modular compuesto de tubos concéntricos. “Entre los tubos está el foto electrodo, que es el responsable de captar la radiación y emitir los radicales; eso es, en esencia, lo que se patenta. Por eso el dispositivo se llama reactor fotoelectrocatalítico”, aclara Silva López.
Del laboratorio al prototipo
La construcción del reactor fue un trabajo conjunto entre dos equipos de trabajo: el Grupo de Investigación en Óptica y Espectroscopía y el Grupo de Investigación en Energía y Termodinámica (GET), con aproximaciones que abordaron el desarrollo desde diferentes escalas.
“Wílber y su grupo se enfocaron en analizar el problema a una escala muy pequeña; microscópica, digámoslo así. Y en el grupo en el que yo hago parte, el GET, hicimos lo propio, pero en escala macro”, explica César Nieto Londoño, PhD. en Ingeniería, otro de los inventores.
El equipo de Nieto Londoño aportó la simulación numérica para convertir el comportamiento observado a pequeña escala en información útil para el diseño del reactor. Utilizaron Ansys Fluent, una herramienta de simulación para comparar diversas posibilidades. A partir de allí evaluaron “diferentes tipos de geometrías, configuraciones, formas y condiciones de operación” para aproximarse al diseño que posteriormente debía fabricarse.

Explica Nieto que los procesos de simulación fueron fundamentales para lograr un prototipo más depurado, “sin que tuviéramos que hacer demasiadas iteraciones experimentalmente. El uso de esa herramienta nos ayudó a entender cómo llegar al diseño ideal del prototipo que debíamos crear, con el objetivo final de purificar el agua”.
La solución tecnológica permite la degradación de contaminantes persistentes (colorantes) en las aguas residuales, de manera que salga traslúcida o, en su defecto, con una coloración mínima.
Explica Wílber Silva que uno de los diferenciales del reactor es que está en capacidad de operar de manera continua, puesto que los sistemas que actualmente se comercializan trabajan en bache, es decir, reciben cierta cantidad de agua y la purifican durante un tiempo determinado.
“La capacidad de procesamiento del reactor es variable, depende de la intensidad de la radiación, del voltaje aplicado y del porcentaje de contaminantes a remover. En promedio, podemos decir que la tecnología puede purificar alrededor de 15 litros de agua por minuto”, especifica Wílber Silva.


A esto se suma que el reactor no requiere de reactivos o sustancias químicas que puedan generar otras formas de contaminación. La tecnología tampoco genera subresiduos como el lodo, que requieran un posterior tratamiento químico y pueden corroer tuberías.
“Cuando el agua pasa por los tratamientos convencionales y luego por el reactor desarrollado, podría ser eventualmente un agua reutilizada en la misma industria y así optimizar el recurso”, manifiesta Silva. De esa manera, el propósito del dispositivo no se limita a descontaminar sino también a facilitar la economía circular dentro de las cadenas productivas.
Los inventores de la tecnología son César Nieto Londoño, Wílber Silva López y Daniel Augusto Borrás Jiménez, egresado de la Maestría en Ingeniería de la UPB.
Por Federico Hoyos Gutiérrez. Equipo de Divulgación Científica y Comunicaciones. Agencia de Noticias UPB.
Imágenes en laboratorio: Federico Hoyos Gutiérrez
Imágenes digitales del dispositivo: Wílber Silva y César Nieto.
Agencia de Noticias UPB – Medellín. El programa de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Pontificia Bolivariana obtuvo la renovación de la Acreditación de Alta Calidad por un periodo de 10 años, un reconocimiento otorgado por el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) que respalda su compromiso con la excelencia académica y la mejora continua. Esta renovación refleja la capacidad del programa para mantener actualizado su proyecto educativo, respondiendo a los desafíos que enfrenta el país en materia de desarrollo tecnológico, sostenibilidad y transformación energética.

Durante la etapa de evaluación, el CNA destacó el fortalecimiento permanente del programa, evidenciado en la actualización de su plan de estudios y en la incorporación de temas estratégicos como la movilidad eléctrica, las redes inteligentes y la transición energética. Estos avances permiten formar ingenieros con una visión integral, preparados para responder a las necesidades actuales y futuras del sector eléctrico y de la sociedad.
Andrés Diez, docente interno e ingeniero eléctrico de la UPB, menciona que:
“El Ministerio ha hecho la revisión y nos ha dado 10 años más. Una década de confianza, y eso a mí me parece supremamente importante. El programa de ingeniería eléctrica ha tenido acreditaciones por periodos largos y eso demuestra el trabajo que se hace aquí”.

Los procesos de acreditación, tanto nacionales como internacionales, impulsan a las instituciones a revisar y fortalecer continuamente sus programas académicos. En Ingeniería Eléctrica, este compromiso se ha traducido en la actualización del plan de estudios, el fortalecimiento de la infraestructura y la implementación de estrategias orientadas a ofrecer una formación de alta calidad.
Durante muchos años la Escuela de Ingeniería ha buscado destacar sus programas académicos con el fin de formar estudiantes capaces de liderar proyectos, enfrentar desafíos y aportar de manera positiva a las necesidades del país. Asimismo, ser egresado del programa de ingeniería eléctrica permite ampliar oportunidades laborales y profesionales al ser un programa acreditado por alta calidad, de modo que genera confianza con empresas y entidades enfocadas en fortalecer sus áreas de trabajo. Andrés Diez resalta que:
En el caso de eléctrica sabemos que es un programa pilar de la ingeniería del país. Este responde a las necesidades de la industria del día a día y la industria necesita de la energía para poder operar. Asimismo, el programa no es un programa seguidor de lo que se está haciendo para adaptarse al mercado, sino que es creador, que define tendencias, logra impactar y modifica la realidad del país”.


En un mundo donde la industria busca ser más estable y tecnológicamente más dinámica, la ingeniería eléctrica busca entrelazar la tecnología con la calidad para seguir fortaleciendo un sector que mira hacia el futuro y sobre todo apuesta por un país más sostenible.
Por: Roger Andrés Luna Hernández – Agencia de Noticas UPB
Agencia de Noticias UPB – Medellín. La dedicación, el compromiso con la investigación y la búsqueda constante de soluciones innovadoras le abrieron las puertas a Mariana Giraldo para realizar la pasantía de sus prácticas académicas, articuladas al proyecto sobre la Cationización de Fibras de Fique provenientes de subproductos textiles, desarrollado por el Grupo de Investigación sobre Nuevos Materiales (GINUMA) de la UPB. Motivada por fortalecer su formación científica, en 2024 dio un paso decisivo en su trayectoria al postularse y obtener la beca Mathematics of Information Technology and Complex Systems (MITACS), que le permitió realizar una estancia de investigación en Canadá.

Durante su pasantía, Mariana hizo parte de un equipo de ingenieros químicos dedicado al desarrollo de apósitos para el tratamiento de heridas, elaborados a partir de nanocelulosa vegetal y nanopartículas de óxido de zinc, con propiedades antibacterianas y antioxidantes. Su participación fue significativa, al ser la única estudiante de Ingeniería en Nanotecnología del grupo de investigación y la única colombiana representando la UPB en un equipo conformado por investigadores provenientes de la India.
A pesar de estar en otro país y rodearse de personas con un idioma y lenguaje totalmente diferente, eso no fue impedimento para desarrollar su práctica con éxito, Mariana menciona que:
“Como yo tenía bastante experiencia en el laboratorio y tenía 3 años trabajando aquí en la universidad, para mí no fue difícil la inmersión dentro del laboratorio, además de que las prácticas allá eran muy accesibles, porque no era ir a una clase, sino que me asignaban un proyecto y yo tenía que trabajar en él y desarrollar un producto”.
Los grupos de investigación de la UPB se han consolidado como escenarios donde estudiantes, docentes y egresados trabajan de manera interdisciplinaria en el desarrollo de soluciones innovadoras para responder a los desafíos de la industria, tanto en Colombia como en el ámbito internacional. En este contexto, las pasantías representan una oportunidad para fortalecer la formación académica y profesional, al tiempo que promueven el crecimiento personal a través del intercambio cultural, el aprendizaje de nuevos idiomas y el trabajo colaborativo con investigadores de diferentes países.

Más allá de los conocimientos adquiridos en el aula, la disciplina y el compromiso son factores que permiten convertir las oportunidades en experiencias transformadoras. La UPB promueve escenarios que impulsan el crecimiento académico, profesional y humano de sus estudiantes, preparándolos para proyectarse en contextos internacionales. Para Mariana, la pasantía en Canadá significó precisamente eso, una experiencia que amplió sus horizontes y le abrió puertas que nunca imaginó alcanzar. Ella resalta que:
“Uno cree que porque estudia una carrera en específico solo puede ejercer desde esa área, y no es así. Nosotros somos muy versátiles, por ejemplo, yo en tercer semestre veía cosas enfocadas en lo textil más que en lo Nanotecnológico, y es ahí cuando la experiencia en los laboratorios te permite cultivar diversas prácticas que más adelante se van a ver reflejadas en los trabajos que haya que hacer. Siempre hay una oportunidad de conocimiento, solo hay que estar muy abierto a las posibilidades”.


Este tipo de experiencias trascienden el ámbito académico. El paso de Mariana por Canadá no solo fortaleció sus competencias como ingeniera en nanotecnología, sino que también le permitió consolidar una proyección externa y demostrar el talento que se forma en la UPB. Su historia evidencia cómo la investigación, el compromiso y la excelencia académica pueden abrir puertas a escenarios donde el conocimiento trasciende fronteras.
Con la mirada puesta en nuevos retos, Mariana se prepara para recibir su título como ingeniera para continuar su formación a nivel de maestría. Su vivencia demuestra que la curiosidad, el compromiso y la investigación pueden abrir caminos hacia oportunidades que transforman no solo el desarrollo profesional, sino también la forma de ver el comportamiento de la sociedad.
Por: Roger Andrés Luna Hernández – Agencia de Noticias UPB
Agencia de Noticias UPB – Medellín. El inicio de la Copa Mundial de Fútbol 2026 ha despertado en sus aficionados la emoción y la pasión que caracteriza este deporte. Más allá de celebrar cada gol, existe una ingeniería que hace posible que estas jugadas terminen anotando un punto a favor. Aunque parece algo simple, golpear un balón implica seguir unos parámetros principales como la fuerza, la física y presión. Para ello, es importante conocer cómo influye la aerodinámica y diseño del balón.

Los balones de fútbol tienen un diseño pensado en facilitar algunas jugadas en el campo, estos deben ser simétricos y contar con una superficie lisa, ya que le permite reducir la resistencia en el aire y moverse más rápido. Desde la ingeniería aeronáutica, la aerodinámica influye en el objetivo principal de cada equipo, ya que es aquella que estudia la fuerza que ejerce un objeto en el aire mientras está en movimiento.
Juan Pablo Alvarado, ingeniero y docente de Ingeniería Aeronáutica y Aeroespacial de la UPB, menciona que “la aerodinámica explica cómo se comporta el balón en el aire. No se trata solo de la fuerza con la que se patea, sino también de cómo gira el balón, qué tan rápido va, cómo está diseñado y cómo interactúa con el aire que lo rodea”.
Es por esto que, en un tiro libre, el balón puede hacer una curva en el aire y la gravedad puede hacer que baje de repente o hacer giros bruscos antes de que llegue al arco. Sin embargo, este efecto solo es utilizado en momento precisos del juego, se puede evidenciar más que todo en pases largos, al centro, tiros libres, remates a media distancia e incluso en los despejes del arquero. Alvarado añade que:
Por ejemplo, cuando un jugador le pega al balón con efecto, este empieza a girar haciendo que el aire circule de manera diferente por cada lado del balón, lo que puede hacer que la trayectoria se curve. Es lo que vemos cuando un disparo parece irse por fuera del arco, pero luego regresa y termina entrando”.
Para comprender cómo funcionan factores como la velocidad, presión y resistencia de un balón debemos situarnos en el lugar en donde se realice el juego, ya que las condiciones del clima de la ciudad influyen en cómo se comporta y se desarrolla el juego.
De esta manera también se evidencia que puede ocurrir lo contrario: si el balón va muy rápido y casi no gira, puede tener una trayectoria menos predecible. En esos casos, el arquero puede ver que el balón cambia ligeramente de dirección en el aire, lo que dificulta prever adónde llegará. Es importante resaltar que la aerodinámica no remplaza la técnica del jugador, sino que ayuda a entender por qué, ciertos tiros son tan difíciles de atajar y por qué algunos balones se comportan de manera particular en un campo de juego.
“En ciudades con mayor altitud, el aire es menos denso, por lo que el balón encuentra menos resistencia. Eso puede hacer que viaje un poco más rápido o más lejos que en lugares a nivel del mar”, afirmó Alvarado.

Todas estas variables son importantes porque el balón es el protagonista del juego. Millones de personas, profesionales y jugadores de alto nivel ven y analizan cada jugada, por eso el balón debe comportarse de manera confiable, este no tiene un diseño para verse netamente bonito, sino, seguro. Aspectos como la textura, la forma, el peso, sus costuras y demás, son fundamentales, porque si el balón no está bien diseñado puede ser inestable y moverse de forma extraña provocando un efecto no esperado por parte de los jugadores.
La ingeniería tiene un valor clave en un evento tan importante como el Mundial, ya que impulsa el desarrollo de tecnologías que aportan positivamente la experiencia de los jugadores, televidentes y sobre el público fanático que los apoya. El conocimiento e innovación impacta escenarios de alcance global donde profesionales desempeñan la labor y la pasión por el fútbol.
Por: Roger Andrés Luna Hernández. Agencia de Noticias UPB.
Agencia de Noticias UPB – Medellín. La inteligencia artificial ya no es más un tema que atañe solo a científicos o desarrolladores tecnológicos y se ha convertido en una preocupación educativa, ética y humana. El Papa León XIV abordó el impacto de estas tecnologías en ámbitos como el trabajo, la democracia, las relaciones humanas y la educación, insistiendo en que el progreso tecnológico no puede construirse a costa de la dignidad humana.
En el texto, el pontífice advirtió sobre el riesgo de concebir al ser humano desde una lógica puramente técnica y productiva, donde la eficiencia y la automatización culminen por desplazar aspectos fundamentales de la esencia humana, como la vulnerabilidad, el pensamiento crítico o la capacidad de hacer sociedad con otros.
Al respecto, Beatriz Campillo, perteneciente al Grupo de Investigación en Ética y Bioética de la UPB, explicó que la crítica central de la encíclica no es hacia la tecnología en sí misma, sino hacia una visión que pretende “optimizar” al ser humano como si fuera una máquina:
“La humanidad no es una especie de error a corregir. El hecho de que tengamos límites, que sintamos dolor o que podamos equivocarnos es justamente lo que nos hace profundamente humanos”, apuntó.
Uno de los temas más relevantes de la encíclica es el impacto de la inteligencia artificial en los procesos educativos. Beatriz advierte que uno de los temas que más preocupan en la actualidad es ver cómo muchos estudiantes utilizan herramientas de IA únicamente para resolver tareas de manera inmediata, sin desarrollar habilidades de análisis o pensamiento crítico:
“Hoy el problema es cómo hacer para que un muchacho comprenda que primero necesita desarrollar su inteligencia humana para poder utilizar mejor la inteligencia artificial”, afirmó.
Precisamente, la encíclica llama la atención sobre la cultura de las “respuestas rápidas” y la ausencia de neutralidad de los algoritmos, situación que no solo debilita el pensamiento crítico, sino también la capacidad de cuestionar la información recibida o de hacer un proceso de curación de lo que las nuevas tecnologías arrojan en la inmediatez.
En ese sentido, la investigadora considera que el principal reto de la educación no es prohibir el uso de la IA, sino enseñar a interactuar críticamente con ella: “La educación tiene que formar juicio crítico. Que el estudiante pueda decirle ‘no’ a lo que le está sugiriendo la inteligencia artificial cuando identifique errores, sesgos o limitaciones”, explicó.
Otro de los puntos abordados en la encíclica es la creciente dependencia de las tecnologías digitales en las relaciones humanas. El texto menciona el riesgo de reemplazar vínculos reales por interacciones con sistemas artificiales capaces de imitar sentimientos como la empatía o situaciones como la compañía.
Sobre ello, Beatriz considera que el auge de estas herramientas también refleja una sociedad cada vez más aislada y saturada, pues: “La respuesta más común hoy, cuando alguien quiere encontrarse con otro ser humano, es ‘no tengo tiempo’. Entonces, las inteligencias artificiales terminan dando una sensación de compañía que muestra también una necesidad enorme de vínculos y comunidad”.
No obstante, y a pesar de las advertencias, tanto la encíclica como la docente reconocen el potencial positivo de la inteligencia artificial en campos como la investigación, la medicina o el desarrollo tecnológico. Sin embargo, coinciden en que el desafío radica en hacer uso de dichas herramientas sin perder la autonomía humana.
La reflexión propuesta por el papa León XIV cierra con un llamado a pensar el desarrollo tecnológico desde la ética y el bien común. Para Beatriz, esto implica que disciplinas como la filosofía, la teología y las humanidades seguirán siendo fundamentales en medio de la revolución digital, pues, por ejemplo: “La filosofía hace las grandes preguntas: qué significa ser humano, qué es la libertad, qué es la responsabilidad. Y hoy esas preguntas son más necesarias que nunca”, concluyó.
Por: Juan José Marín Torres – Agencia de Noticias UPB
Agencia de Noticias UPB – Medellín. Son varios los desafíos a los que se propone hacer frente este nuevo programa, como, por ejemplo, la transformación digital de la educación, el incremento de entornos y espacios donde los aprendizajes son virtuales y, sobre todo, la necesidad de formar licenciados y ciudadanos críticos y conscientes sobre la implementación de las nuevas tecnologías en la pedagogía y la educación.
La Licenciatura, aparte de surgir entonces como una respuesta a las problemáticas anteriormente mencionadas, pretende fortalecer competencias comunicativas, tecnológicas y de pensamiento crítico, que combine además la atención de problemas contemporáneos como la sostenibilidad social y ambiental desde ámbitos y contextos educativos y también organizacionales.
Isabel Cristina Ángel Uribe, coordinadora del programa, indicó que el programa también responde a retos de integración de diferentes niveles educativos y diferentes disciplinas, a la vez que también “forma a educadores transformadores del contexto social en escenarios escolarizados y no escolarizados, diversos y dinámicos, capaces de articular saberes interdisciplinarios y responder a las demandas de innovación educativa y desarrollo profesional en una sociedad en constante cambio”.
Su enfoque se centra en el equilibrio entre la formación pedagógica y la técnica, pues si bien parte de la propuesta académica inicia desde el aprendizaje práctico y reflexivo de las tecnologías, estas se conciben como herramientas, por tanto, es indispensable también abordar elementos que apunten a la transformación de las relaciones educativas, los procesos de enseñanza y las experiencias de aprendizaje de los estudiantes.
Por otra parte, su factor diferenciador en el mercado consiste en ser la única licenciatura de su tipo en Colombia, además de ser también la única licenciatura en estar adscrita a Colombia Edtech y EdTech HUB LATAM by Colombia EdTech, lo que, según Isabel, ofrece oportunidades únicas de alianzas, prácticas tempranas y empleo para nuestros estudiantes y egresados puesto que “el Licenciado en Tecnología Educativa en la UPB se prepara para, además de ser un maestro, para ser formador en organizaciones de diversa naturaleza: sociales, empresariales, gubernamentales, y, por supuesto, educativas, pues somos de las pocas licenciaturas relacionadas con la formación de maestros y profesionales en tecnología e informática que tenemos una propuesta 100% virtual que permite el aprendizaje ubicuo, en una Escuela con 70 años de tradición en la formación”, agregó la coordinadora.
De esta manera, los futuros licenciados podrán ejercer no solo como docentes de tecnología e informática, sino también como gestores de proyectos educativos mediados por TIC, creadores de contenidos educativos e investigadores en innovación educativa. Adicionalmente, el programa ofrece rutas flexibles de formación, con posibilidades por ejemplo de homologación de algunos créditos de técnicas UPBtec y de algunos créditos para normalistas superiores de todo el país.
Con propuestas como esta, se plantea ante el futuro de la educación, la figura de un docente que en los próximos años esté en la capacidad de asumir un rol cada vez más humano y crítico, pero a la vez mediador en una sociedad altamente digitalizada. Mucho más que formarse en el manejo técnico de herramientas y plataformas, el maestro de la Licenciatura en Tecnología Educativa, estará en la capacidad de diseñar estrategias educativas, pedagógicas y reflexivas, que formen profesionales éticos capaces de responder a los retos sociales y tecnológicos contemporáneos.
Por: Juan José Marín Torres – Agencia de Noticias UPB
Agencia de Noticias – UPB Medellín. A cientos de kilómetros de la costa de la ciudad brasileña de Fortaleza, donde el océano es tan vasto como desconocido, un grupo de científicos se prepara para descender, con tecnología de punta, hacia uno de los territorios menos explorados del planeta: la zona de fractura de las calmas ecuatoriales (Doldrums Fracture Zone). Entre ellos está Paula Andrea Zapata Ramírez, investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana.
Durante un mes, desde el 17 de mayo y hasta el 20 de junio de este año, 19 personas -entre científicos y miembros de la tripulación- convivirán a bordo del R/V Falkor (Too), un buque de investigación oceanográfica, propiedad del Schimdt Ocean Institute (SOI). La embarcación fijará su rumbo hacia la Doldrums Fracture Zone, un sistema tectónico submarino ubicado en el Atlántico ecuatorial. Allí el objetivo será investigar cómo la tectónica, la circulación de fluidos y la vida marina de las aguas profundas están conectadas en el océano Atlántico.

El escenario de esta investigación es una megatransformante oceánica. Para entender este concepto, explica la bióloga marina Zapata Ramírez, integrante del Grupo de Investigación de Automática y Diseño de la UPB, hay que imaginar el fondo del mar como un terreno atravesado por fracturas de gran tamaño; estas grietas, llamadas fallas transformantes, tienen una fuerza tal que son capaces de desplazar grandes bloques de la corteza oceánica.
De acuerdo con la investigadora, “los márgenes transformantes y las zonas de fractura se encuentran entre las características más importantes, aunque menos comprendidas, de las profundidades oceánicas. Estos vastos límites tectónicos crean escarpes (pendientes muy pronunciadas), valles profundos, rocas fracturadas y hábitats complejos”. Asimismo, añade la científica, “contribuyen a la formación de las cuencas oceánicas y pueden servir como vías para el flujo de calor, fluidos y energía química entre el océano y el interior de la Tierra”.
La misión explorará las fallas transformantes, fracturas gigantes que desplazan segmentos de la corteza oceánica. Allí puede ocurrir: circulación profunda, alteración química de las rocas, exposición de rocas del manto terrestre, generación de compuestos como hidrógeno y metano. Además, son hábitats potenciales para microorganismos y ecosistemas quimiosintéticos. En este caso, la megatransformante de Doldrums tiene unos 600 kilómetros de longitud y desplaza la cordillera submarina del Atlántico por más de 600 kilómetros.

En estos ecosistemas, aparentemente inhóspitos, los científicos pretenden descubrir si en estas grietas habitan comunidades de microorganismos, biopelículas o fauna asociada a las filtraciones de fluidos, así como ecosistemas ligados a rocas alteradas y fracturas activas.
En síntesis, “se quiere indagar de qué manera la diversidad biológica cambia de acuerdo a los distintos ambientes geológicos en el mar y cómo la tectónica controla los hábitats del océano profundo”, explica Paula Zapata.
Con el fin de cartografiar estos elementos, la misión desplegará tecnología de vanguardia. “Mi trabajo será usar robots especializados (ROV – Vehículos Operados Remotamente) para descender a profundidades entre los 1.000 y 4.000 metros y capturar imágenes y otra información del fondo marino. A partir de las imágenes que obtengamos, analizaremos los organismos marinos que encontremos”, cuenta la experta, añadiendo que los equipos de la embarcación están provistos de sensores geoquímicos y sistemas acústicos para crear mapas de la geología y de la distribución de ecosistemas marinos de profundidad en alta resolución.
Un laboratorio flotante
El R/V Falkor (Too) no es un barco convencional. Con 110,6 metros de eslora (medida que va desde la popa a la proa), funciona como un laboratorio flotante equipado con tecnología avanzada para estudiar los secretos del mar. Su amplia capacidad de combustible (unos 450 mil galones) le permite navegar largas travesías, mientras que su velocidad promedio de 13 nudos (equivalente a 24 Km/h), garantiza desplazamientos eficientes en mar abierto.

Desde el R/V Falkor (Too), los investigadores desplegarán instrumentos de medición, sistemas de monitoreo acústico y vehículos operados remotamente, como el ROV SuBastian, capaz de descender hasta los 4.000 metros de profundidad, así como el AUV (vehículo subacuático autónomo) Hugin que puede alcanzar hasta los 6.000 metros de profundidad y será empleado por primera vez en una misión científica del SOI.

El rol de Paula Zapata
En este complejo engranaje científico, Paula Zapata Ramírez desempeñará un papel fundamental desde la ecología bentónica, es decir, el campo que estudia los organismos que viven en el fondo marino. Su trabajo se centrará en analizar cómo las fallas transformantes afectan estos ecosistemas profundos, muchas veces invisibles pero esenciales para el equilibrio del océano.
La investigadora participará en la expedición junto con Maria Isabel Aguilar Pérez, egresada de la Maestría en Gestión Tecnológica de la UPB.
“El mar cubre casi el 70% de la superficie del planeta, y todavía conocemos muy poco de él”, reflexiona Paula Zapata.
Su participación no solo representa un aporte académico, sino también una oportunidad para visibilizar el talento científico de la UPB en escenarios internacionales de alto nivel. Zapata Ramírez compartirá misión con investigadores de Estados Unidos, Italia, Brasil y Alemania, en un equipo liderado por el científico Aaron Micallef, del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI, por sus siglas en inglés).


Ciencia que desciende a lo desconocido
Cada expedición como esta no solo busca respuestas, sino que también abre nuevas preguntas. En este caso, identificar posibles indicadores de circulación de fluidos, como fracturas y escarpes, rocas alteradas, anomalías químicas, emisiones de metano, carbonatos y estructuras asociadas a escape de fluidos, entre otros aspectos, mediante una rigurosa observación validada con herramientas visuales, geología, geoquímica y biología, desde un enfoque de investigación científica no extractiva.
“Estar a bordo de uno de los buques de investigación científica más avanzados del mundo, rodeada de tecnología de punta dedicada a la exploración oceánica, es una experiencia difícil de describir con palabras. Más allá del sofisticado equipo, lo que más impresiona es el propósito que lo impulsa: ampliar el conocimiento sobre nuestro planeta, desvelar procesos aún desconocidos e inspirar a nuevas generaciones de científicos”, reflexiona Paula Zapata Ramírez.
Desde la cubierta del R/V Falkor (Too), mientras los equipos se preparan para descender a cientos de metros de profundidad, la ciencia avanza hacia un territorio donde cada hallazgo tiene el potencial de redefinir lo que sabemos sobre nuestro planeta azul.
Y el talento UPB, representado por Paula Zapata Ramírez, estará allí para atestiguarlo.
¿Te interesa este tema? Asiste al campus de la UPB Medellín el próximo jueves 4 de junio para ver en vivo el programa Ship-to-Shore, en el marco de la expedición MATRICS.

Aliado en la expedición:
Iniciativa de cooperación científica internacional que responde a las necesidades del Decenio de los Océanos de las Naciones Unidas.
Para conocer más acerca de esta expedición, haca clic aquí.
Por: Federico Hoyos Gutiérrez. Equipo de Divulgación Científica y Comunicaciones.
Portada: Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute
Otras fotografías: Paula Zapata Ramírez
Agencia de Noticias – UPB Medellín. En Colombia, la transición energética empieza a tomar forma desde los residuos industriales. A partir de ellos, un grupo de investigadores desarrolla el proyecto “Viabilización de la producción nacional de materiales y metodologías para el transporte, almacenamiento y uso de hidrógeno blanco”, una iniciativa de 18 meses que busca transformar residuos metálicos en materiales capaces de almacenar energía limpia, sentando las bases de soluciones sostenibles para el país.
La apuesta no solo responde a un desafío técnico, sino a una visión más amplia de soberanía energética, en la que Colombia aproveche sus propios recursos y capacidades científicas.
El proyecto es ejecutado por la Universidad de Medellín, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de Antioquia, con financiación de Minciencias, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y la participación del World Energy Council (WEC). Esta articulación permite conectar la investigación de laboratorio con su aplicación real en la sociedad.
La Universidad de Medellín lidera la dirección científica del proyecto. Su equipo avanza en el diseño de un reactor modular -clave para almacenar y liberar hidrógeno- y realiza la evaluación ambiental y social de la iniciativa.
Por su parte, la Universidad Pontificia Bolivariana se encarga de diseñar y optimizar las aleaciones metálicas tipo AB, obtenidas a partir de residuos industriales. Asimismo, en articulación con la Universidad de Medellín, ejecuta los procesos de simulación y modelación computacional para analizar los mecanismos de reacción asociados y contribuir al diseño del reactor.


Las aleaciones tipo AB son mezclas controladas de metales, en este caso hierro y titanio (TiFe), las cuales tienen la capacidad de absorber hidrógeno en estado sólido, de ahí la importancia de estudiarlas, para facilitar el almacenamiento del hidrógeno, cuya molécula se representa químicamente como H2.
La Universidad de Antioquia asume el reto de conectar la ciencia con la sociedad. Lo hace a través de una estrategia de apropiación social del conocimiento que acerque los avances técnicos en narrativas comprensibles para distintos públicos.
Este proyecto cuenta con la participación de tres investigadores UPB: Alejandro Zuleta Gil, Wilber Silva López y César Nieto Londoño, quienes trabajan en el diseño del material (aleación), la simulación de los mecanismos de reacción y en el apoyo al diseño del reactor, respectivamente.
Esta sinergia refleja un principio transversal a toda la investigación. Como explica el líder del proyecto, Esteban Correa Bedoya, de la Universidad de Medellín: “Hay que desarrollar tecnologías pensando en el medioambiente y en las comunidades”.

El reto: almacenar una energía difícil
El investigador de la UPB, Alejandro Zuleta Gil, explica que el hidrógeno blanco está presente de forma natural en el subsuelo, lo que significa una oportunidad energética con baja huella ambiental. No obstante, su almacenamiento ha sido históricamente complejo. Cuando este se encuentra en estado gaseoso, requiere altas presiones o bajas temperaturas para su almacenamiento, lo que implica riesgos y altos costos.
Frente a este desafío, el proyecto propone una alternativa novedosa: almacenar el hidrógeno en estado sólido mediante aleaciones metálicas. Esta solución no solo mejora la seguridad, sino que también simplifica su transporte y uso.
Zuleta Gil sostiene que “tenemos una alianza con dos empresas de la ciudad: Doblamos, que nos suministra materiales metálicos sobrantes”, los cuales sirven como fuente primaria de hierro para la aleación. “La otra es Industrias Médicas SamPedro, quienes aportan residuos de viruta de titanio”, material que tradicionalmente se considera difícil de vender como chatarra o procesar, debido a las temperaturas extremas requeridas para su fundición.
El paso a paso del proyecto
Todo inicia con la recolección y preparación de estos residuos metálicos provenientes de industrias locales, como hierro y titanio. Estos materiales, que antes representaban un problema de disposición, se convierten en el punto de partida.
En los laboratorios de Materiales de UPB, los metales se transforman en nuevas aleaciones tipo AB -compuestas por hierro y titanio- capaces de absorber y liberar hidrógeno. Son, en esencia, el alma de la tecnología.
Luego, estas aleaciones se procesan hasta convertirse en partículas finas. Son sometidas a diversas pruebas para evaluar su capacidad de almacenamiento, estabilidad y eficiencia. Este proceso permite identificar los materiales más adecuados.
Con el material ya listo, los investigadores avanzan en el diseño de un reactor modular. Este dispositivo permitirá almacenar y liberar el hidrógeno de manera controlada y segura, y su estructura adaptable facilita su escalamiento según la demanda.


Posteriormente, se evalúan distintas configuraciones del reactor para optimizar su rendimiento. Cada ajuste acerca la tecnología a su implementación en escenarios reales. El ejercicio también incorpora una evaluación ambiental mediante tecnologías de ciclo de vida, asegurando que todo el proceso sea coherente con los principios de sostenibilidad.
Finalmente, el análisis incluye una dimensión social y territorial, reconociendo el papel de las comunidades en la transición energética. “Una transición energética responsable es aquella que desarrolla los procesos, las tecnologías, pensando en mitigar los gases de efecto invernadero, así como mitigar el impacto en las comunidades donde sean utilizadas”, insiste Esteban Correa Bedoya.
“Ya tenemos algunos prototipos de materiales que estamos desarrollando para almacenar H2 en estado sólido. Próximamente tendremos unos reactores en etapa de simulación en software especializado”, manifestó el investigador principal. Una vez validado el experimento, se procederá a la evaluación del impacto social.
Este proyecto contribuye a la reducción de emisiones mediante el uso de una fuente de energía limpia, impulsa la creación de una industria nacional basada en materiales locales y en la reutilización de residuos.
Socializar la ciencia
Más allá de los laboratorios, esta investigación está desarrollando una estrategia transmedia para acercar los avances a la ciudadanía. A través de contenidos digitales, cursos, narrativas interactivas y talleres presenciales, se busca propiciar la comprensión e interés en el asunto.

El propósito es desmontar percepciones erróneas y construir confianza en torno a esta tecnología. En palabras de Correa Bedoya: “Alrededor del hidrógeno hay muchos mitos… entonces nos propusimos tratar de romper esas barreras, para que la gente vea esto como una tecnología cercana y no algo tan allá, tan abstracto”.
El valor estratégico de esta propuesta es la evidencia de que la nación cuenta con las capacidades necesarias para innovar en este campo. Como concluye Correa Bedoya: “Demostrarle al país que tenemos el conocimiento, las capacidades científicas y tecnológicas para desarrollar tecnología… y desarrollarla localmente.”
Texto e imágenes: Federico Hoyos Gutiérrez. Equipo de Divulgación Científica y Comunicaciones.
Agencia de Noticias UPB – Medellín. En muchas familias, donde el cuidado de los niños se delega a terceros, la seguridad se convierte en una preocupación constante. Para mantener la comunicación, algunos padres optan por entregarles celulares a temprana edad; sin embargo, esta decisión implica riesgos como el contacto con desconocidos, el acceso a redes sociales y la exposición temprana a los dispositivos.

En este contexto, Laura Navarro, estudiante de la Maestría de Administración de empresas de la UPB, desarrolló Kiper, una herramienta pensada inicialmente como una forma de prevenir el abuso sexual infantil. Se trata de un dispositivo en forma de reloj que, según su creadora, busca brindar seguridad a los padres y, al mismo tiempo, empoderar a los niños para que puedan comunicarse y ganar independencia.
En sus primeras versiones, Kiper funcionaba principalmente como una herramienta de monitoreo. No obstante, tras escuchar a los usuarios, evolucionó hacia un modelo que prioriza la comunicación directa.
Los papás no querían solo observar, querían poder hablar con sus hijos sin darles un celular”, señala Navarro.
Actualmente, el dispositivo está diseñado para niños entre los 5 y 12 años, una etapa en la que comienzan a desarrollar autonomía, pero aún requieren supervisión. Según la emprendedora, este rango permite un equilibrio entre el acompañamiento parental y la construcción de independencia. Aunque se ha contemplado su uso en menores de 5 años, esto representa retos importantes debido al tamaño del dispositivo y las necesidades propias de esa edad.
Más allá de la seguridad, Kiper ha generado cambios en la dinámica familiar. Padres reportan mayor tranquilidad y confianza para permitir que sus hijos realicen actividades cotidianas con mayor autonomía, mientras mantienen una comunicación constante. Esto también ha reducido el dilema sobre cuándo entregar un celular a los niños.
Sin embargo, el camino no ha sido sencillo. Uno de los principales retos en el desarrollo del proyecto fue la creación del hardware, que implicó procesos de fabricación internacional y una logística más compleja que la de una aplicación digital.
“Emprender con hardware es mucho más difícil: requiere inventarios, soporte técnico y una operación constante”, afirma Navarro.
Actualmente, Kiper se comercializa en Colombia y proyecta su expansión a mercados internacionales en los próximos años. Además, la empresa trabaja en nuevas versiones del producto adaptadas a diferentes edades, así como en contenidos educativos que fortalezcan la seguridad emocional de los niños.
Para Navarro, el futuro de la tecnología infantil no está únicamente en el control, sino en la educación.
No se trata solo de proteger, sino de enseñarles a cuidarse por sí mismos” conluye.
Por: Alba Martínez. Agencia de Noticias UPB. Medellín.
Agencia de Noticias UPB – Medellín. Lejos de ser una disciplina exclusiva de las ciencias exactas, la astronomía en la UPB se torna en un espacio académico para el diálogo de distintos saberes. El curso, dirigido a todas las carreras, eleva su propuesta de explorar el cosmos con una mirada interdisciplinaria donde el conocimiento científico se articula con los saberes y reflexiones propias de cada carrera, pues como apunta Juan Felipe Henao, actual docente del curso y fundador del mismo en 2008:
“Quiero aclarar que no se ve ninguna ecuación. Es decir, un médico puede estar, un abogado puede estar, un historiador, el de idiomas, ninguno va a despejar la X. Simplemente se trabaja la parte conceptual”.
Esta propuesta interdisciplinaria se refleja a su vez en la estructura misma del curso, pues está organizado en seis momentos temáticos. El primero aborda la historia de la astronomía y sus conceptos fundamentales, un campo estrechamente relacionado con la filosofía, pues como señala Juan Felipe Henao: “Tiene mucho que ver con filosofía, dado que los primeros científicos fueron los primeros filósofos y estos tuvieron especial preocupación por el cielo”.
Posteriormente, el curso introduce a los estudiantes en la observación astronómica, mediante el uso de telescopios, misiones espaciales, software especializado y técnicas básicas para analizar el cielo. En un tercer momento se estudia el sistema solar y su estructura, mientras que el cuarto módulo se centra en la astrofísica estelar, pasando desde el nacimiento hasta la evolución y muerte de los cuerpos celestes.
Finalmente, los dos últimos módulos exploran algunos de los temas que más llaman la atención de la astronomía contemporánea: los agujeros negros, entendidos como una de las etapas finales de la vida de ciertas estrellas, y conceptos fundamentales de la física moderna como la mecánica cuántica, la física de partículas y la física de altas energías.
Sin embargo, y pese a que algunos apartados del curso pueden sonar, en apariencia complejos para estudiantes de pregrados no relacionados a las ciencias exactas, los docentes dan parte de tranquilidad para aquellos que quieran matricularlo, pues al preguntar si se requieren saberes previos a Carlos Correa, también docente del curso dijo lo siguiente:
No, porque es un curso general. Entonces, en esencia lo que se quiere es, como decía Carl Sagan, “Vamos apenas a mojarnos la punta del dedo gordo del pie en el gran océano cósmico que es la astronomía”. Esa es la idea. Y como es un curso general, que es para todas las carreras, entonces la idea es hacerlo lo más general posible”.
Si bien el curso está diseñado para estudiantes sin experiencia en el campo, actualmente hay casos de éxito en las filas de uno de los grupos, en concreto, el estudiante Jhoan García, del pregrado de Ingeniería Aeronáutica, quien a través de la Campaña Internacional de Búsqueda de Asteroides encontró uno con el Observatorio Astronómico del ITM, así contó el detalle del proceso:
“Lo primero es participar de una campaña de ciencia ciudadana internacional llamada IASC, que está vinculada con la NASA, el Minor Planet Center y con los observatorios PANSTARRS de Hawái asociados a varias instituciones. En mi caso fue con el Observatorio Astronómico del ITM. Ahí nos dieron una formación en conocimientos básicos de astronomía y de cuerpos planetarios y luego pasamos a investigar imágenes que nos dan los telescopios PANSTARRS. Son imágenes que son secuenciales, tomadas cada 15 minutos, que nos muestran algunos objetos quietos y otros que pueden estar en movimiento por lo que se pueden encontrar satélites o pueden ser asteroides”.
Jhoan, quien por otra parte encuentra atractivo el hecho de que su carrera y la astronomía se encarguen de temas que la gente considera de “ciencia ficción”, afirma que el curso es de suma importancia puesto que conocer algo que está más allá de nosotros, es el primer paso para entenderlo y, posteriormente, por qué no, generar nuevos descubrimientos con base a ello.
Pero ¿por qué estudiar un curso que está más ligado a la comprensión del mundo a través de las ciencias exactas que de las ciencias sociales humanas? El docente Felipe se inclina a pensar que se debe al hecho de que la astronomía es necesaria en tanto es una de las ciencias más antiguas y a la vez más nuevas, pues, en primer lugar, porque desde la antigüedad el hombre descubrió la relación entre el cielo y la tierra y aprovechó esto para su supervivencia y en segundo lugar porque cada día hay un nuevo descubrimiento y un nuevo paradigma.
Por lo tanto, la astronomía genera una visión holística del mundo que nos rodea, permite, a su vez, a través del humanismo, cambiar enfrascamientos triviales por cuestionamientos fundamentados, para despejar las interrogantes que la gran mayoría pasan como dogmas inamovibles y adicionalmente, no solo se aborda desde la teoría, pues según Juan Felipe, el elemento diferenciador del curso reside en el apartado práctico:
Lo particular del curso, diferenciador de otros cursos, puedo decirlo, es que nosotros aquí hacemos lo que se llama ‘procesamiento de imágenes digitales’ entrando a observatorios o a telescopios disponibles en la web. Es decir, si aquí son las 10 de la mañana, me puedo conectar a un telescopio en Hawái, Estados Unidos que son las 10 de la noche y entonces ellos pueden observar, registrar esa observación y procesar esa imagen y sacar de esa imagen parámetros astrofísicos. Entonces eso es ganador. Eso es lo que más les gusta a los estudiantes”.
Con estos espacios académicos la UPB continúa fortaleciendo el diálogo entre ciencia y pensamiento humanista, invitando a los estudiantes a mirar el cielo no solo con curiosidad científica, sino también con preguntas sobre el sentido de la existencia y el lugar que ocupa el ser humano en el universo.
Por: Juan José Marín Torres – Agencia de Noticias UPB